DIA 9
¿Señor o Siervo?
“7Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres”
1 Pedro 3:7
Imagina escuchar en la noticia que el Congreso ha promulgado una extraña ley donde se ordena que cada hombre gobierne su casa como un dictador. Aquellos en el imperio persa experimentaron esto cuando el Rey Asuero “envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura y a cada pueblo conforme a su lengua, para que todo hombre fuera señor en su casa y que en ella se hablara la lengua de su pueblo.” (Ester 1:22)
Si un esposo iba a cumplir la ley siguiendo el ejemplo del Rey Asuero, él podía bien:
- Demandar que la esposa viniera cuando él la llamara y que se mantuviera alejada en todo otro momento.
- Valorar la belleza de su esposa simplemente por el estatus que le daba a él.
- Pedir que su esposa hiciera algo inapropiado o impúdico.
- Rehusar la opinión de ella antes o después de un conflicto.
- Responder a los conflictos divorciándose de ella.
En contraste, Efesios 5 dice: “25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella. sí también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. .. cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo”. (Efesios 5:25,28,33)
Si el Rey Asuero hubiera seguido estos principios, él hubiera:
- Valorado la opinión de su esposa y respetado sus ideas.
- Protegido a su esposa para que no fuera vista de manera inapropiada por otros.
- Solucionado el conflicto escuchando y razonando primero.
- Mantenido su compromiso a su matrimonio, sin importar qué sucediera.
Para ser líder del hogar, un esposo debe evitar el ejemplo del dictador como Asuero, y emular más bien a Jesús.
“…el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
Filipenses 2:6-8
Personalizándolo:
Si estas casada, pídele a Dios que ayude a tu esposo para que sus actitudes y acciones reflejen la segunda lista.

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