martes, 10 de noviembre de 2009

Día 4

Salmo 103: 1-5

Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

El es que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión, el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila.

Al reconocer e identificar las bendiciones específicas que hemos recibido de Dios y de otros, descubrimos innumerables razones para expresar gratitud. El salmista tomó tiempo para bendecir al Señor por beneficios específicos- El no quería olvidar ni uno de ellos! Al abrir hoy tu corazón en oración a El hoy, pídele a Dios que te revele cuán grande ha sido tu “paquete de beneficios”.

Haz dos listas con estos encabezados: “Regalos de Dios” y “Regalos de otros.” Escribe bajo ellos lo que te venga a la mente. No trates de forzar esto a que sea un ejercicio de una vez y en diez minutos termino- detente y empieza cuando te sea natural. Continúa agregando a estas listas lo que en los próximos treinta días te venga a la mente.

Cuando acabes de listar tus bendiciones, toma tiempo para leer tu lista, línea por línea, agradeciendo a Dios cada uno de estos beneficios. Luego, lee en alto el salmo 103. Trata de memorizar y meditar por lo menos los primeros cinco versos en esta semana.

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