Santiago 4: 6-10 “6Pero El da mayor gracia. Por eso dice: DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES. 7Por tanto, someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9Afligíos, lamentad y llorad; que vuestra risa se torne en llanto y vuestro gozo en tristeza.10Humillaos en la presencia del Señor y El os exaltará.”
La gratitud es el resultado de un corazón humillado, así como la ingratitud y el espíritu de queja fluyen de un corazón orgulloso. Las personas orgullosas están encerradas en sí mismas. Si las personas o circunstancias no les agradan, o no les son cómodas, con mucha probabilidad acabarán quejándose o volviendose resentidas.
Una persona humillada piensa mucho en Dios y en los demás y poco en sí mismo. Reconoce que cualquier cosa que tiene es más de lo que se merece. No siente que nadie le debe nada. No se siente con derecho de tener más, o de que la vida sea fácil, o que todo el mundo tiene que amarle y tratarle bien. El está agradecido por cualquier gesto de la bondad que le es expresado, sabiendo que es más de lo que merece.
Haz una lista de cualquier cosa por lo que recuerdes que has estado quejándote recientemente. ¿Cómo refleja esa queja un espíritu de orgullo, derechos y expectativas?
Toma tiempo para sentarte en quietud delante del Señor. Confiesa cualquier orgullo que has evidenciado ya sea mediante la queja, irritabilidad, o resentimiento, mas que en dar gracias. Humillado dile a El que no mereces de Su favor, y dale las gracias por bendiciones específicas recientes que El traiga a tu mente.

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