lunes, 21 de diciembre de 2009

Humildad: volver a Dios en SUS términos

Este es el fin de la historia de un rey que en sus inicios confió en Dios para sus batallas, en Su nombre luchó y derrotó grandes ejércitos… su nombre fue Asa, y el final de sus días está relatado en el libro de 2 de Crónicas, capítulo 16.

7En aquel tiempo el vidente Hananí vino a Asa, rey de Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Aram y no te has apoyado en el SEÑOR tu Dios, por eso el ejército del rey de Aram ha escapado de tu mano.

8¿No eran los etíopes y los libios un ejército numeroso con muchísimos carros y hombres de a caballo? Sin embargo, porque te apoyaste en el SEÑOR, El los entregó en tu mano.

9Porque los ojos del SEÑOR recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo. Tú has obrado neciamente en esto. Ciertamente, desde ahora habrá guerras contra ti.

10Entonces Asa se irritó contra el vidente y lo metió en la cárcel, porque estaba enojado contra él por esto. Y por ese tiempo, Asa oprimió a algunos del pueblo.

11Los hechos de Asa, los primeros y los postreros, he aquí, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.

12En el año treinta y nueve de su reinado, Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad era grave, pero aun en su enfermedad no buscó al SEÑOR, sino a los médicos.

13Y Asa durmió con sus padres. Murió el año cuarenta y uno de su reinado.” (2 Crónicas 16:7-9)

¿Por qué esta historia?

Porque me sorprende que un hombre que haya visto caer a ejércitos temibles en su momento como fueron el de Libia y Etiopía contando con que Dios lo respaldaba, llegado el momento de una nueva amenaza se inclinó por estrategias humanas en vez de buscar el respaldo de Dios una vez mas.

¿Será que Asa en el fondo creyó que sus victorias pasadas no tuvieron nada que ver con Dios sino que fueron más bien fruto de su buena planificación militar?

¿Será que Asa pensó que Dios estaba ahí para momentos de “batallas” pero no para el momento de la planificación de la estrategia?

¿Será que Asa había perdido la comunión con Dios de tal modo que ni se le ocurrió que tenía un Dios a quien rendirle cuentas de sus decisiones?

Asa no está aquí para respondernos esas preguntas… pero creo que nos mueve a un gran cuestionamiento personal. Porque Asa tuvo personas que le advirtieron de su error, sin embargo, su respuesta fue de rechazo completo a quienes le dijeron la verdad y es la verdad que muchos no queremos oir… Que hemos obrado neciamente y que si hoy no contamos con esas “bendiciones” de Dios es porque no hemos estado transitando en Sus Caminos, a Su manera, con corazones que caminen en integridad con lo que dicen creer.

La razón por la que no queremos oir esa verdad es porque hay orgullo en nosotros. De ahí que la primera barrera a destruir para poder “acercarnos a Dios” es nuestro orgullo. Es pedirle a Dios que humille nuestro corazón para poder estar en la disposición correcta ante El.

Ahora bien, recuerda que pedirle a Dios que nos humille implicará que vendrán situaciones a tu vida que quebrantarán intencionalmente esa area donde has estado resistiendo a doblegarte.

Quizás sea en el area de relaciones familiares, de amistad, de la iglesia… personas a quienes le has retenido un perdón, o a quienes has herido o a quienes has ignorado y que Dios esperaba que asistieras, que atendieras, que compartieras…

Quizás será en el area económica donde tendrás que poner al día tus cuentas, tus deudas, reconocer que no has sido diligente y buen administrador de los recursos que Dios ha puesto en tus manos. Has dejado de cumplir con obligaciones ante el fisco, ante otros, te has quedado con dinero que Dios quería que ofrendaras, has sido egoísta en el gasto de lo que tienes.

Quizás sea en el area laboral, con tu esposo, con tu esposa… revisa tu mundo.

¿Estás andando conforme a la dirección de Dios o conforme a tu propio concepto de cómo funciona mejor mi vida? Recuerda que la vida de orgullo es una afrenta contra Dios.

Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; pero con los humildes está la sabiduría. La integridad de los rectos los guiará, mas la perversidad de los pérfidos los destruirá.” Prov. 11: 2-3

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